SE ENOJÓ HUMBERTO
Humberto Rubín se enojó. Eso sucede cuando uno trabaja con formatos muy rigidos: se te mueve un casillero y lo único que te queda es la rabia porque el libreto preparado se queda con los pies colgados al aire. Por ejemplo, el spot con la Gusinsky.
Pero lo recomendable en estos casos es saltarnos la rabia de Humberto para plantearnos un problema un poco más inquietante vinculado con nuestra singular experiencia democrática: hoy en Paraguay disponemos de un analfabetismo ético, político y cognitivo preocupante muy mal compensado por la vulgarización mediática. Por ejemplo, los denominados debates televisivos son sustitutos extremadamente precarios de la construcción colectiva de nuestra sociedad. Por eso es que terminan bordeando los formatos del espectáculo, del show.
Ante la ausencia de un proceso dialogado con ese sector humillado, excluido y sufriente de la población que mínimamente luego se vierta en una propuesta sostenible, los debates en los medios intentan en vano exponer en el espacio público algo que en realidad no existe: la política. Esta ha sido pulverizada y reducida a rituales anuales (los debates televisivos entre ellos) donde nunca están quienes finalmente toman las decisiones acerca del porvenir de algo que también se va disolviendo: el Estado-Nación.
En todo caso, un divertido show hubiera sido si en vez de Humberto Rubín, los candidatos intentaban articular algo creíble ante representantes de las comunidades indígenas, recicladores de basura, niños y niñas trabajadores de la calle, mujeres campesinas e indígenas, gay, homosexuales. Por supuesto que la Asociación Rural del Paraguay estaría también representada. Creo que hasta Humberto Rubín se habría no sólo divertido sino que hubiera tenido un buen nivel de audiencia sin necesidad de salir en la tele.
A veces para ser visto, es preciso salirse de escena porque, en realidad, la democracia se construye - y mucho más en nuestro caso- en otras escenas demasiado tiempo ya ignoradas. Hasta ahora los medios no pudieron avanzar mas allá de la vulgaridad y la banalidad.

