Retener cédulas de identidad

Según Ermanno Cavazzoni (Los escritores inútiles), a veces la vida viene en nuestro auxilio para volvernos inútiles mediante algunas de estas eventualidades: las escuelas que se frecuentan, las familias por las que se es adoptado, las vejaciones sufridas, las esperanzas que se esfuman, los fantasmas que vienen de visita, los vagabundos que se termina por ser y las demencias de las que nadie se salva.
No sabemos cuál de las eventualidades señaladas por el amigo Ermanno podría estar detrás del comportamiento singular de Nelson Mora. Este, en principio, es el Ministro de Defensa Nacional del Paraguay, pero en el marco del calor de la campaña electoral se dedica a retener cédulas de compatriotas en un humilde barrio de Luque. El procedimiento parece que constituye una de las técnicas que permitiría sumar votos para Blanca Ovelar, candidata del Partido Colorado para las próximas elecciones del 20 de abril. Por supuesto que la técnica no es legal y al menos que el ministro Mora comparta con la ciudadanía un razonable argumento desde una visión de seguridad nacional, estaríamos ante un delito cometido por un funcionario público.
Aparentemente el clima generado por la campaña electoral es propio para la multiplicación de ciertos oficios inútiles que no pueden ser precisamente elogiables. Quienes practican estos oficios avanzan acelerados pasos para destruir la trama democrática. Bunge anotaría que el ministro Mora no es bueno y menos nos hace gozar de la vida.

En aquella ocasión en que el escritor Paul Auster recibió el Premio Príncipe de Asturias, entre otras cosas dijo que el arte es inútil, al menos comparado con el trabajo de un fontanero, un médico o un maquinista. Por supuesto que a continuación sostuvo que el valor del arte reside en su misma inutilidad. En otro lugar, Mario Bunge hizo un elogio de lo inútil señalando que no era recomendable exigir que todo lo que hagamos tenga una utilidad inmediata. "Basta que sean buenas, basta que nos ayuden a gozar de la vida". Es más, Bunge propuso un nuevo nombre para nuestra especie: "Homo inutilis".