Dame la mano y vamos ya...

AUNQUE SI, EL PULPO NO PUEDE.
Quines saben de ello explican que, a pesar de que el pulpo tiene un cerebro equiparable al nuestro, no puede comprender ni definir ni calcular porque esas cuestiones sólo nos suceden a nosotros los seres humanos porque disponemos de dos ventanas muy particulares.
Estas ventanas son insaciables, disponen de una activa curiosidad y por eso resultan subversivas para cualquier orden. Pueden ser agentes de provocación; socavan la naturaleza para suplantarla y son hasta arriesgadas. Tienen la singular capacidad de rozar los objetos, seguir sus perfiles, tantear sus pesos particulares, jugar con ellos porque los objetos les interesan como problemas y como no pueden aprehender todos los lados y aspectos de un objeto, estas ventanas son bastante concretas. Por eso pueden concentrarse en algún aspecto para ubicarse en ese gesto que llamamos "comprender".
A Kant le había llamado la atención estas cualidades y por eso llamó a las manos (de ellas estamos hablando) las ventanas de la mente. Otros hablaron de igual manera señalando que para entender cómo pensamos habría que contemplar nuestras manos. La dialéctica, por ejemplo, es posible porque gracias a la simetría de nuestras manos, que están en oposición recíproca, el mundo se nos presenta con sus dos caras. Por nuestras manos es que abarcamos la totalidad como confluencia de dos oposiciones y así hacemos y nos hacemos en el mundo.
DEL PULPO A UN PIANISTA SOCIÓLOGO.

Y es esto lo que nos recuerda en su más reciente libro, Richard Sennett. Este sociólogo que además es un notable pianista (sabe, por tanto de lo que pueden los dedos) avanza en su libro The Craftsman (El artesano) la idea de que hacer es pensar. Richard conversa con esta idea que hace pareja intensa con la propuesta de "aprender haciendo", últimamente poco practicado método de aprendizaje pero que vuelve con nuevos ímpetus.
Sucede que nosotros mismos somos el gesto de hacer y este gesto mismo es de una complejidad inusual que surge como un buen desafío para cualquier descripción. Por eso andamos separando la teoría de la práctica y nos confundimos en nuestros sistemas educativos con la idea de que primero debe aparecer en escena una buena teoría y luego corremos para buscar un lugar donde practicarla. Si nos dejáramos llevar por la danza de nuestras manos, la cosa cambiaría. "Hacer es pensar". Richard Sennett nos invita a reconocer esta dimensión artesanal de la experiencia del conocimiento humano para saborear sus productos como exquisitos manjares y fascinarnos con sus inquietos procedimientos. Justamente todo lo contrario a lo que vienen haciendo las escuelas, colegios y universidades con todo este embrollo...pese a que hablamos y nos atragantamos con Reformas Educativas.
ESPERANDO EL CUERPO
¿En qué momento nuestros sistemas educativos perdieron esta dimensión artesanal de nuestro hacer? Hasta a los docentes los transformamos en aplicadores de procedimientos en los cuales sus propios gestos de hacer no están; sin embargo, Richard Sennett (y muchos otros) nos plantean retornar a esas conversaciones donde la inteligencia es lo más manual que tenemos, que es práctica, encarnada o instanciada.
Hoy que se abre la posibilidad de repensar nuestra educación, tal vez el cuerpo, el condenado a un prolongado exilio de las aulas, pueda retornar con esa inquietud nacida de la simétrica oposición de nuestras manos, para desplegar de nuevo los tres dones del artesano que Richard Sennett rescata: saber encontrar (concretizar los temas), saber preguntar (reflexiona sobre las cualidades) y saber abrir(se) (expandiendo los sentidos).
Nos urgen estos dones en nuestra educación pública especialmente para que podamos sentir la emoción de que es posible crear el mundo de vuelta.






Comentarios sobre Dame la mano y vamos ya...
Justamente el padre Farr÷e decçia que los guaran÷ies de Ikitos dicen por el ser humano que es un yvy po ra 8 no encuentro la letra del ti ;e e
lo que sera la mano de la tierra