CUENTOS DEL PERÍODO GRIS

"Por qué escribimos para niños de cosas que nos duelen?
Porque nos tocó vivir una América Latina en dictadura, porque creemos que todavía hay rastros de esas dictaduras, porque se crean otras nuevas, porque andamos en busca de otras formas de vida sabiendo que la libertad es escurridiza.
Nos unieron las ganas de escribir unos cuentos que desde la fantasía nos permitieran recordar y mirarnos.
Escribir sintiendo entre cuatro, dibujar reescribiendo entre seis, fue una emoción nueva y hermosa que deseamos te transmitan nuestros cuentos".
Así se presentan Noelia Buttice, Mabel Reiter, Juan Araujo, Fabiio Franco Pacuá, Amelí Schneider Zaldívar, Fabian Lugo, Tessa Rivarola, Juanchí Franco Maida, Analía Marchi, Claudia Netto Sisa, escritoras, escritoras, dibujantes, ilustradores/as que lanzaron dos volumenes intensamente atrevidos de cuentos: 8 magníficos cuentos de Una historia (vol. 1) que integra cuentos inspirados en el período gris de la historia del Paraguay, y Otros cuentos de Una historia (Vol. 2) con relatos que beben de la misma fuente de inspiración del primer volumen pero orientados a adolescentes. El primer volumen se dirige a niños. Reproducimos del primer volumen el cuento

La Dentadura de Noelia Buttice.
(Instrucciones: léase en tono cortante y autoritario)
Orden por favor, ¡¡silencio!!
¿Hasta cuándo piko tengo que estar pidiendo silencio?, cansada estoy de pedir silencio. La semana que viene entrego libreta y vamos a ver quien se ríe. Vos sentate derecho. Si, vos, ñakurutú, sentate bien te digo. ¡Y esa fila que parece un sevo'í, si se endereza!
¡Cháque! ¿Cuántas veces tengo que decirte mi hijo? Date la vuelta Luisón, la curiosidad mata mi hijo.
¡Es posible! Rápido que no tenemos todo el día, ayer la clase se fue de balde. Nada no hicimos en el cuaderno.
Atención, el cuaderno colorado saquen, no se equivoquen que, el azul no, el colorado, la fecha, 14 de agosto, día soleado, escriban.
Boca cerrada Maracaná, estaba probándoles, ya sé luego que es 15 de agosto, respete la autoridad, ¡¡no me equivoqué, les digo!!
Hoy Dictado. Con mayúscula. Escriban. Título, La Dentadura. Punto y aparte. Dejen sangría. Con mayúscula. La dentadura es linda. Coma. Blanca y reluciente como un collar de perlas. Punto seguido. La dentadura tiene dientes. Punto.
¡Atención!, ¡repito!, la dentadura tiene dientes. ¡Despacioosos son ustedes!. Por última vez repito y no repito más. LA DEN-TA-DU-RA TIENE DIEN-TES.
¿Me querés decir que estás haciendo María que no estás escribiendo?
¿Qué? No me importa, te ves de la clase ahora. ¡Néike!, rápido, afuera te quiero, seguís tardando te quedás sin recreo. ¿Y vos qué miras? ¿querés acompañarle?
La dentadura es el tejido más duro del cuerpo. Escriban. Sí, con la de casa, recuerden: CA-CO-CU las sílabas. Punto seguido. La dentadura sirve para masticar y tragar. Punto. Los dientes pueden ser inferiores o superiores, coma, de acuerdo a su función se clasifican en: incisivos, premolares y molares. ¡¡Rápido!!
¡Sanabria otra vez!, ¡que porquería!, ¡mirána que desprolijidad tu hoja! Arranco y hacés de nuevo, limpiate esas manos sucias. Los incisivos cortan y los caninos desgarran, ustedes no sean tavyrones y sigan escribiendo. Los premolares aplastan y los molares trituran. Timbre. Muy bien, todo por hoy. Mañana continuamos con el dictado, guarden todo, ¡derechita la fila para salir! Silencio por favor, silencio, cierren la boca les digo. Que no se vea la Dentadura.
Del volumen 2, reproducimos
La Plaza (de Cuentos que cuentan de Fabio Gustavo Franco Pacuá)
Un policía llegó hasta Doña Irma, apostó al 14. Ella escribió la boleta de quiniela y recogió el dinero. No lo miró a los ojos, solo a los pies. Notó en el espejito de la mesa que la sonrisa del hombre permanecía quieta y burlona. Doña Irma lo miró fijamente cuando se marchaba. Al otro día, las cadenas alrededor del árbol, con su mesa y la butaca, seguían quietas. Volvió después de dos días, con un luto cerrado detrás de sus anteojos. Había encontrado al hijo en la cama con 14 puñaladas encima. Ella nunca más volvió a escribir ese número. Con el tiempo pudo quitarse el luto de la ropa, pero no de sus manos.



